¿Y si la consciencia fuera el fundamento de toda la realidad?
En mi último artículo presenté un mapa de las 222 teorías de la consciencia y concluí el artículo con una propuesta: entender las cinco teorías vertebradoras de este campo no como rivales, sino como descripciones complementarias de una misma realidad. Como esta articulación exige decidir qué teoría se toma como fundamento de una arquitectura unificada, planteé dos posibles alternativas: i) una materialista, con la materia como fundamento de la realidad, basada en la Teoría de la Información Integrada (IIT); y ii) otra idealista, con la consciencia como fundamento de la realidad, basada en el Vedanta Advaita. Este artículo busca desarrollar la segunda alternativa: considerar la consciencia como sustrato de toda la realidad.
Lo que sigue a continuación no es una demostración sino una arquitectura de teorías: una forma de ordenar lo que nos plantean sobre la consciencia diferentes disciplinas (filosofía, neurociencia, psicología, biología, etc) para ofrecer una respuesta coherente a la pregunta de qué es la consciencia.
La tesis central
Existe una consciencia universal, sin partes ni fronteras, que es el sustrato ontológico último de todo la realidad. Esa consciencia no es una propiedad emergente del cerebro humano -como plantea la neurociencia- sino que es lo primero y lo más fundamental. Lo que llamamos consciencia individual en un ser humano no es algo distinto de esa consciencia universal, sino una modulación local suya acotada por la estructura física de un organismo concreto. La metáfora de la ola puede ayudarnos a entenderlo: la ola no es algo diferente del mar, sino una modulación local con una forma determinada.
Esta tesis invierte el orden habitual de la explicación científica. En lugar de partir de la materia y preguntarnos cómo produce experiencia (el famoso problema difícil de Chalmers, que décadas de neurociencia no han logrado resolver), partimos de la consciencia como fundamento (como postula el Vedanta Advaita) y nos preguntamos cómo se estructura en ella lo que llamamos materia. De este modo, el problema difícil no se resuelve sino que se disuelve, ya que partía de un planteamiento equivocado.
Las otras cuatro teorías vertebradoras pueden reinterpretarse como descripciones contemporáneas de cómo la consciencia universal se expresa y actualiza en un ser humano individual. La IIT describe la estructura física de la modulación local, el Enactivismo su modo de relación con el mundo, el Cognitivismo el procesamiento de información con el entorno y el Constructivismo el moldeamiento que produce la interacción social. Veámoslo nivel a nivel.
Nivel fundacional: la consciencia como sustrato (Vedanta Advaita)
Antes que cualquier cuerpo, cualquier cerebro o cualquier mundo material, existe un campo único de manifestación sin sujeto ni objeto, sin tiempo ni espacio: lo que el Vedanta Advaita llama Brahman y reconoce idéntico al Atman, nuestro yo profundo. Este campo no es una sustancia ni una entidad: es la pura consciencia universal, la condición de posibilidad de cualquier cosa que pueda ser experimentada o pensada. Este concepto es análogo a la metafísica cristiana de la participación, según la cual el totum esse creatum (todo lo creado) recibe continuamente su ser de Dios.
Desde esta base, la realidad material no es una realidad independiente sino que es una modulación estructurada de esa consciencia única, es decir, una serie de patrones que aparecen en ella. Lo que llamamos “cuerpos” u “objetos” son configuraciones estables y reconocibles de este campo. La separación entre sujeto y objeto parece real para la experiencia ordinaria, pero es ontológicamente derivada: emerge dentro del campo, no lo constituye.
Frente a la visión extendida de que lo real es lo material y que la experiencia es un resultado tardío de la evolución, el Vedanta Advaita propone lo contrario: lo único de lo que tenemos certeza absoluta e inmediata, lo único que nunca podemos abandonar, es la experiencia misma. Todo lo demás (átomos, campos de energía, neuronas…) son patrones que aparecen dentro de ella. El hecho de que el mapa científico sea muy preciso analizándolos no lo convierte en el territorio.
Nivel de individuación: del campo único al sujeto individual
Si la consciencia es un campo único y sin fronteras, ¿cómo surgen entonces sujetos individuales finitos? ¿Cómo pasa el campo único a vivirse como miles de millones de puntos de vista separados que no tienen acceso a la experiencia de los demás?
El Vedanta Advaita responde con el concepto de Maya: la apariencia, el juego de ocultamiento por el cual el uno se vive como muchos. El ser humano individual es una “ventana” estructurada de la consciencia universal: una región del campo cuya organización físico-biológica produce un punto de vista localizado, finito y temporal. Esta ventana no es la única, ya que pueden existir otras modulaciones locales de la consciencia de mayor y menor riqueza que la del ser humano.
Formulado así, Maya deja de ser una noción metafísica y se convierte en una pregunta científica: ¿qué características físicas debe tener una región del campo para operar como una ventana local? Las tres teorías siguientes responden a esta pregunta desde ángulos distintos.
Aspecto estructural: la arquitectura de la individuación (IIT)
Lo que hace que un ser humano sea una ventana rica de la consciencia universal (y una planta o una piedra no) es que el cerebro humano ofrece una arquitectura física apta para condensarla en un punto de vista coherente. Esa arquitectura es lo que la Teoría de la Información Integrada puede ayudarnos a formalizar: un sistema cuya información integrada (Φ) es irreducible, es decir, cuyo estado no puede descomponerse en estados de partes independientes sin perder información.
Leído desde la base del Advaita, Φ cambia de significado: no mide cuánta consciencia hay, sino cuán articulada y rica es la modulación local del campo en ese sistema. Un cerebro humano tiene Φ alto y por eso es capaz de manifestar la consciencia universal con resolución elevada, contenidos diferenciados e integración temporal. Una piedra tiene Φ casi nulo: el campo de consciencia la sostiene sin llegar a condensarse en un punto de vista definido. La IIT podría proporcionar así lo que el Advaita no llega a desarrollar: el principio físico de individuación, la “matemática” de Maya.
Esta visión es similar a la que plantea el Idealismo Analítico de Bernardo Kastrup, que propone que la consciencia universal se “fragmenta” en sujetos finitos mediante procesos disociativos, y que el principio de exclusión de la IIT ofrece la formalización de cómo esa disociación produce regiones de Φ alto irreducibles entre sí: ventanas locales que no pueden mirarse unas dentro de otras.
Aspecto relacional: el acoplamiento con el mundo (Enactivismo)
Una vez que existe una ventana estructurada del campo de consciencia, esa ventana no contempla el mundo desde fuera sino que lo enacta. La consciencia individual no recibe pasivamente representaciones de un exterior ya dado, sino que es activa, sintiente, encarnada. Se acopla al entorno a través de los sentidos y la acción, modelando un mundo significativo con su propia forma de ser. Un mismo bosque es un mundo distinto para un humano, un ciervo y una araña, porque cada organismo trae a su experiencia aquello con lo que puede acoplarse.
Desde la arquitectura planteada, el Enactivismo puede reinterpretarse como una descripción de cómo el sujeto individuado proyecta el campo universal hacia un “afuera” que solo existe como tal porque el sujeto se ha individuado. El “mundo” del Enactivismo no es Brahman (que no tiene límites, ni afuera), sino la región del campo que aparece como “mundo” desde el punto de vista de esa ventana concreta. La encarnación, el acoplamiento sensoriomotor y la acción son los modos en los que la modulación local interactúa con el resto del campo.
Aspecto operacional: el procesamiento de información (Cognitivismo)
Sobre la arquitectura estructural y el acoplamiento enactivo opera además una capa de procesamiento de información: percepciones, memorias, inferencias, decisiones, planes. El cognitivismo computacional describe esta capa como manipulación de representaciones del mundo de acuerdo con unas reglas. Es el proceso operacional que el sujeto utiliza para navegar el mundo con el que está interactuando.
Leídas desde la base del Advaita, las representaciones pueden entenderse como patrones de modulación dentro del campo: configuraciones que el sujeto puede manipular y combinar para tomar decisiones, no entidades inmateriales ni “información objetiva” almacenada en alguna parte. Bajo esta visión, la descripción funcional del Cognitivismo sigue siendo igualmente válida, lo que se obvia es la metafísica representacional clásica que ya no resulta necesaria al partir del campo único de consciencia.
La capa social adicional: el “yo” narrativo (Constructivismo)
En organismos sociales como el ser humano hay todavía una capa más: el modelado social del yo. El yo autobiográfico -el sujeto que dice “yo”, se reconoce en una historia y se proyecta hacia un futuro- se construye en buena medida en la interacción con otros a través de la internalización de miradas, lenguajes, narrativas y roles.
En nuestra arquitectura, esta capa es superficial pero no irrelevante. Superficial porque no toca el fondo, ya que el yo narrativo es un patrón en la consciencia construido encima de la arquitectura estructural, enactiva y operacional del sistema. Pero no irrelevante porque condiciona en gran medida la forma en que la consciencia humana se vive a sí misma en un entorno de relaciones sociales. La gran tradición meditativa coincide con esta lectura: el yo autobiográfico es una construcción real, y verlo precisamente como construcción -para poder así trascenderlo- es parte del camino hacia el reconocimiento de nuestro yo profundo.
La formulación sintética
El desarrollo anterior se puede sintetizar en la siguiente propuesta:
La consciencia es un campo único de manifestación (Advaita) que se individúa en los seres humanos mediante arquitecturas físicas de alta información integrada (IIT), las cuales proyectan activamente un mundo a través del acoplamiento sensoriomotor (Enactivismo) y operan internamente mediante el procesamiento de representaciones (Cognitivismo), modeladas además socialmente por un “yo” narrativo (Constructivismo).
Cinco teorías que se complementan para describir una sola realidad. Cada teoría responde a una pregunta distinta y por eso son complementarias: el Advaita responde a qué es la consciencia, la IIT a dónde se modula localmente, el Enactivismo a cómo se relaciona, el Cognitivismo a cómo opera y el Constructivismo a quién cree ser.
Implicaciones de esta visión
Esta arquitectura ontológica tiene numerosas implicaciones. Cambia por ejemplo el estatuto de la meditación, que deja de ser una técnica de bienestar para convertirse en el modo de conocimiento con el que podemos llegar a conocer la esencia del Ser. Cambia la lectura de la muerte, ya que lo que termina con la muerte es la modulación local (la ventana finita), no necesariamente la consciencia universal que la sustenta. Y cambia la pregunta sobre la inteligencia artificial: la cuestión ya no es si una máquina puede “generar” consciencia, sino si su arquitectura física puede llegar a ser una ventana del campo único de consciencia, es decir, si tiene suficiente información integrada (Φ). Los LLMs actuales tienen una arquitectura feed-forward cuyo Φ es probablemente casi nulo, y por tanto serían ventanas muy estrechas del campo de consciencia. Pero nada impide que otras arquitecturas futuras puedan dar lugar a ventanas más ricas del campo de consciencia, incluso similares a las de los seres humanos.


Gran análisis y reflexiones Ricardo. Encaja muy bien con la interpretación cristiana de “Yo soy el que soy” como representación de la conciencia universal y eterna de la que formamos parte.
¿Cuál es la relación de esto con la evolución de las especies?